Qué ayuda a bajar la presión arterial y por qué es importante la evaluación médica
Uno mismo puede contribuir mucho a bajar la presión arterial. Sin embargo, lo decisivo es el acompañamiento médico: por qué y qué puedes hacer tú.
La hipertensión, también llamada hipertensión arterial, significa que la presión en los vasos sanguíneos es permanentemente demasiado alta. Muchas personas están afectadas, a menudo sin saberlo. Precisamente eso es lo que hace tan peligrosa esta enfermedad: con frecuencia pasa desapercibida durante mucho tiempo, pero con el tiempo puede dañar el corazón, el cerebro, los riñones, los ojos y los vasos. Por eso es aún más importante tomar en serio los valores elevados, controlarlos con regularidad y hacer algo concreto al respecto.
La buena noticia es: uno mismo puede contribuir mucho a bajar la presión arterial. Sin embargo, lo decisivo es que el tratamiento no se realice únicamente por cuenta propia. Quien mide valores anómalos o sospecha que tiene hipertensión siempre debería someterse a una revisión médica. Porque solo mediante una evaluación precisa se puede determinar cuál es el riesgo personal y qué método para bajar la presión arterial tiene sentido en cada caso concreto.
Por qué es importante bajar la presión arterial
Una presión arterial permanentemente elevada es uno de los factores de riesgo más importantes para las enfermedades cardiovasculares. Si no se trata, puede provocar ictus, infarto, insuficiencia cardíaca, daño renal, trastornos circulatorios y daño ocular. Por ello, el objetivo del tratamiento no es solo lograr mejores valores, sino sobre todo proteger los órganos y reducir el riesgo de enfermedades secundarias graves.
Conocer los propios valores
La hipertensión al principio a menudo no causa molestias típicas. Algunas personas afectadas refieren dolores de cabeza, mareos, inquietud interior, trastornos del sueño o palpitaciones, pero muchas no notan nada durante mucho tiempo. Por eso es tan importante medir con regularidad.
Sin embargo, las mediciones aisladas tienen un valor limitado, porque la presión arterial fluctúa a lo largo del día. Son más fiables las mediciones repetidas en casa o una medición prolongada de 24 horas. Para la automedición se aplica lo siguiente: antes de medir, permanecer sentado tranquilamente unos minutos, colocar el brazalete a la altura del corazón y realizar dos mediciones con un intervalo de uno a dos minutos. Es aconsejable medir por la mañana y por la noche durante varios días y documentar los valores.
A partir de cuándo hay que actuar
Los valores en torno a 120/70 mmHg se consideran favorables. Si se miden repetidamente valores de 140/90 mmHg o más, por lo general existe una hipertensión que requiere tratamiento. Pero también los valores por encima del rango óptimo deben tomarse en serio, especialmente cuando existen factores de riesgo adicionales, como diabetes, lípidos sanguíneos elevados, enfermedades vasculares o antecedentes familiares.
Precisamente por eso, ante valores anómalos siempre se debería solicitar consejo médico. Solo el médico puede valorar si realmente existe una hipertensión duradera, si son necesarias más exploraciones y con qué constancia debe realizarse la reducción.
Bajar la presión arterial: qué puedes hacer tú mismo
Reducir peso
El sobrepeso a menudo eleva también la presión arterial. La grasa abdominal es especialmente desfavorable, porque aumenta adicionalmente el riesgo cardiovascular. Incluso una pérdida de peso moderada puede mejorar los valores de presión arterial y aliviar el corazón y los vasos.
Hacer ejercicio con regularidad
La actividad física es una de las medidas más eficaces contra la hipertensión. El ejercicio mejora la función vascular, reduce la presión arterial en reposo, ayuda a adelgazar y contribuye a reducir el estrés. Son especialmente adecuadas las actividades de resistencia regulares como caminar a paso ligero, montar en bicicleta o nadar. También un entrenamiento de fuerza moderado puede ser sensato si se ajusta a la situación de salud personal.
Lo importante aquí no es el máximo rendimiento, sino la regularidad. El ejercicio debería integrarse en la vida cotidiana a largo plazo.
Cambiar la alimentación
Una alimentación desfavorable contribuye de forma esencial a la presión arterial alta. Quien quiera bajar sus valores debería comer lo más fresco y equilibrado posible. Abundantes verduras, fruta y otros alimentos poco procesados se consideran favorables. Al mismo tiempo, se debería reducir la sal, porque el pan, la bollería, los platos preparados y muchos alimentos procesados contienen a menudo más sal de la que uno supone.
Resultan especialmente útiles una alimentación con menos sal, suficientes alimentos ricos en potasio, menos productos muy procesados, agua y bebidas sin azúcar en lugar de refrescos, así como un trato moderado con el alcohol.
Dejar de fumar
Fumar daña los vasos sanguíneos y aumenta notablemente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por ello, dejar de fumar es una de las medidas más importantes de todas para proteger el corazón y los vasos a largo plazo.
Reducir el estrés
El estrés puede elevar la presión arterial y dificultar el tratamiento. Por ello pueden ayudar técnicas de relajación como ejercicios de respiración, la relajación muscular progresiva o fases fijas de descanso en la vida cotidiana. También el ejercicio regular a menudo tiene un efecto reductor del estrés y mejora además el sueño.
Cuidar un buen sueño
Normalmente, la presión arterial baja por la noche. Si este descenso nocturno no se produce, o si la presión arterial incluso sube por la noche, esto puede aumentar el riesgo de enfermedades secundarias. Por ello, los trastornos del sueño, los dolores de cabeza matutinos, los sudores nocturnos o las taquicardias nocturnas deberían tomarse en serio. En tales casos, una medición de 24 horas puede aportar indicios importantes.
Por qué la evaluación médica es imprescindible
Por muy importantes que sean las medidas de estilo de vida, la reducción concreta de la presión arterial siempre debería estar acompañada por un médico. Porque la hipertensión no tiene la misma causa en todas las personas. A veces hay detrás otra enfermedad, por ejemplo una enfermedad renal, un trastorno hormonal, apnea del sueño o una enfermedad vascular. En ese caso no solo hay que tratar la presión arterial, sino también la causa subyacente.
Además, solo mediante una exploración médica se puede aclarar si ya se han producido daños secundarios en el corazón, los riñones, los ojos o los vasos, y cuál es el riesgo cardiovascular personal. De ello depende cuánto se debe bajar la presión arterial y qué tratamiento es adecuado.
Por eso vale lo siguiente: quien mide valores elevados no debería confiar solo en consejos generales, sino recabar la opinión de un médico. Solo tras mediciones repetidas, una exploración física y, si es necesario, otras pruebas, se puede decidir si los cambios de estilo de vida son suficientes o si además son necesarios medicamentos. También la elección de los medicamentos y la fijación del valor objetivo deberían realizarse siempre de forma individual y con acompañamiento médico.
Cuándo son necesarios los medicamentos
Los cambios en el estilo de vida son la base de todo tratamiento. Sin embargo, en muchas personas no bastan por sí solos. Entonces se recurre además a medicamentos, en particular con valores claramente elevados o cuando existen otros riesgos.
Qué medicamentos son adecuados depende de la situación concreta. Lo decisivo es que el tratamiento se ajuste a cada paciente. Precisamente por eso es tan importante el acompañamiento médico: solo así se puede valorar con seguridad qué principios activos tienen sentido, cómo deben combinarse y si la terapia hace suficiente efecto.
El tratamiento tiene que ajustarse a la persona
No cuenta solo el valor de la medición, sino toda la situación de salud. La edad, las enfermedades acompañantes, la carga orgánica y el riesgo individual desempeñan un papel importante en la elección del objetivo terapéutico. Las personas con diabetes, enfermedades renales o problemas cardíacos necesitan a menudo un ajuste especialmente cuidadoso.
Por ello, una reducción exitosa de la presión arterial no consiste en un plan estándar general, sino en una estrategia individual. Los controles regulares con el médico ayudan a adaptar el tratamiento y a mantenerlo eficaz a largo plazo.
Conclusión
La hipertensión es frecuente, a menudo pasa desapercibida durante mucho tiempo y, aun así, es peligrosa. Por eso es tan importante tomar en serio los valores elevados de forma temprana. Muchas cosas se pueden hacer por cuenta propia: más ejercicio, una alimentación más sana, la reducción de peso, dejar de fumar, menos estrés y dormir lo suficiente pueden mejorar notablemente la presión arterial.
Aun así, la reducción precisa nunca debería realizarse únicamente por cuenta propia. Quien tiene valores elevados de presión arterial debería someterse a una revisión médica y establecer el tratamiento adecuado junto con el médico. Solo así se puede valorar con seguridad qué medidas son correctas en cada caso concreto y cómo se puede bajar la presión arterial de forma eficaz y segura.